La soledad de los Otros

Adelaida Jaramillo
4 min readJan 2, 2021

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Gracias, David, por regalarme esta maravilla.

Hace unos días estaba deslizando tuits y me encontré con uno de Camila Sosa Villada en el que transcribía el Romance sonámbulo de Federico García Lorca, ese poema que empieza con “Verde que te quiero verde”, una figura llamada “epanadiplosis” que sirve de ejemplo en todas las páginas de explicaciones de figuras retóricas de repetición.

Lo transcribía porque ese día se aprobó la despenalización del aborto en Argentina y esa victoria tiene el color del poema. Curiosamente estaba leyendo Las malas de Camila Sosa, atraída por varias recomendaciones y porque ganó recientemente el Premio Sor Juana Inés de la Cruz y, antes de leer su tuit ya había pensado que entre las páginas de su novela habitaba el poeta español. Federico García Lorca fue un autor que miró a la mujer desde su condición de Otro, un Otro que vivía con el mismo temor con el que viven las personajas de esta historia.

“Pero para la Tía Encarna todas las travestis éramos Yerma. Todas estábamos resecas como una acequia olvidada, la única fértil, la única a la que alguien le había susurrado como un secreto esos dos pajaritos en el vientre, era Laura. Y en ese breve instante de su razonamiento, Laura era la enemiga.” pg.54

Cuando yo leo siento que hay una autoimposición de encontrarme en una línea, un personaje, una referencia, cualquier cosa que me conecte y me haga sentir empatía hacia la historia escrita. En mi caso fue este fragmento que me recordó mi condición de no-madre, de mujer seca, de ser la dueña de una casa-útero deshabitada. Sin embargo, mientras avanzaba la lectura, Sosa me sacudió del lugar desde el cual decidí leer su novela para recordarme que aún hoy, a mi edad, yo podría elegir ser una mujer completa: la mujer madre. Ellxs no.

La novela empieza mostrándonos el único lugar en el que esta hermandad de travestis puede sentirse segura y, en este parque en el que se prostituyen para sobrevivir aparece un niño abandonado, enterrado entre plantas espinosas, aún vivo, cubierto de sangre y heces. Sin nombre. Un cuerpo tan parecido al de ellas que es imposible no darle una oportunidad, aún cuando la decisión de criarlo traiga consecuencias fatales por tentar al destino. Con ese nacimiento y ese vínculo materno comienzan a hilarse más historias que, de manera constante, nos van a recordar que nos ha tocado vivir una vida muy fácil.

Mientras leía Las malas recordaba a Judith Butler y a sus Cuerpos que importan, porque la voz narrativa nos va mostrando cómo son (mal)tratados de diversas formas los cuerpos de las protagonistas, y es que claro, estos cuerpos que se travisten para poder ser/existir no cumplen con los estándares, ni con las funciones asignadas al cuerpo femenino. Yo misma, como mujer, encuentro difícil llevar mi piel cargada de significados que otros me han otorgado. No me hubiera imaginado nunca de manera tan vívida, de no ser por Sosa, lo trágico que podría haber sido tener esa piel de mujer y que los demás rechacen lo que tú estás viendo.

Pensé que esta sería una novela que iba a poder leer en dos sentadas y no pude, porque esta es una novela llena de historias que te cortan con navajitas incrustadas adentro de jabones de motel; con personajes excéntricos muy lejanos a mi entorno, que a duras penas puedes ver en los libros y que si los encuentras en la vida real es probable que sigas de lado sin reparar cómo viven. Una novela que hace un recorrido desde la vida hasta llegar a la muerte y en donde no hay un momento de respiro. Una novela habitada por cuerpos que están signados por lo que son, como también por lo que no son.

Camila Sosa Villada, con su obra, nos desbarata los límites de la realidad.

“Mi mamá, que tiene veintisiete años, se hace amiga de la hija adolescente de los vecinos y ya no está tan sola. Pero yo, con mi mariconez a cuestas, no puedo hacer un solo amigo. Estoy condenado a la tristeza y a la soledad del campo.” pg.97

La literatura está para meter dentro de nuestras casas a los Otros y hacernos chiquito el corazón con sus historias de supervivencia terribles. La literatura está para agrandar al mundo que conocemos y para hacernos reconocer en el Otro. La literatura está para que nos importen los personajes de los libros, pero también para que fuera de ellos también nos importen los cuerpos de los Otros. Como el de las travestis que se quedan desvalidas cuando les quitan su Parque o, como el cuerpo vejado de Federico García Lorca que fue lanzado a una fosa común o, como el de los miles de cuerpos de las mujeres que queremos que nos dejen decidir sobre nosotras mismas.

Las malas

Camila Sosa Villada

Editorial: Tusquets

Número de páginas: 224

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Adelaida Jaramillo

Esto no es un blog de reseñas de libros. Yo escribo lo que vivo cuando leo.